Suzanne Daley / The New York Times
ATENAS.- Al comienzo del siglo XIX, combatientes griegos se rebelaron en contra de su gobernante otomano haciéndose estallar en vez de someterse al cautiverio. En las montañas de Zalong, dice la leyenda, las mujeres solían lanzar a sus hijos de un despeñadero y después se ponían a danzar e iban detrás de ellos antes que ser vendidos como esclavos.
En octubre de 1940, Grecia desafió audazmente un ultimátum italiano, impulsando a Benito Mussolini a invadir desde el norte. Si bien pelearon con galantería, derrotando a los italianos y haciéndolos retroceder al interior de Albania, los griegos con el tiempo fueron deshechos por el avance de tropas nazis desde Bulgaria. Para abril de 1941, la ocupación del Eje estaba completa.
Aún está por verse si el rechazo abrumador de los griegos este domingo pasado al trato de un préstamo europeo más reciente termina siendo un toque maestro o un error monumental. Lo que es claro, dicen expertos y analistas, es que surgió de una profunda variedad cultural e histórica de desafío en situaciones a todas luces sin esperanza, perfeccionado a lo largo de siglos bajo el dominio otomano y fomentado por las relaciones de historias heroicas de una generación a otra.
“Es cierto que en lo profundo de la psiquis griega está la idea de resistencia gloriosa en contra de todas las probabilidades’’, aclara Nick Malkoutzis, el editor de Macropolis.org, sitio web de análisis político.
El voto negativo del fin de semana anterior se relacionaba con el pasado reciente, dice Malkoutzis, con personas sintiéndose encerradas por las políticas de los últimos cinco años y que, finalmente, obtienen una oportunidad para expresarse. “Pero ese tipo de momentos están escritos en la conciencia de cada griego’’, expresa. Según Malkoutzis, a veces esa resistencia había representado grandes victorias en la historia griega, como la Guerra de la Independencia Griega, empezando en 1821 en contra del Imperio Otomano. “Y, a veces, derrotas colosales, como a manos de los nazis y Mussolini en la II Guerra Mundial”, añade.
Cuando miles de griegos descendieron sobre la plaza Sintagma para celebrar la votación, muchos dijeron que no estaban convencidos ni en lo más mínimo de que eso ayudaría a su situación. Con todo, era momento de devolver el ataque. La mayoría de los escolares aquí son criados con historias de resistencia, algunas de las cuales fueron invocadas la semana pasada al intentar amasar la oposición ante demandas europeas, sin consideración a las consecuencias.
Thanos Veremis, historiador emérito por la Universidad de Atenas, comenta que los griegos aman esas historias porque tocan una fibra sensible en un país que ha sido dominado por una serie de potencias extranjeras, siendo la más reciente, a ojos griegos, la Unión Europea (UE). “Ellos están peleando la Guerra de Independencia una vez más, haciéndole frente a la Unión Europea’’, enfatiza.
Incluso, en tiempos recientes, Grecia ha fomentado una cultura de protestas. La generación que gobierna Grecia hoy creció con imágenes de estudiantes enojados formando barricadas dentro del Politécnico de Atenas en una sangrienta manifestación en contra de la junta militar, que gobernó Grecia de 1967 a 1974.
La vida griega está llena de ataques cotidianos que han cerrado de manera rutinaria trasbordadores a las islas, tránsito masivo y taxis, entre otras cosas. Los expertos dicen que la evasión fiscal se desarrolló como una forma de resistencia a los ocupantes otomanos.
Si bien ellos pudieran haberse estado resistiendo cuando votaron negativamente el domingo, la gran mayoría de los griegos quiere seguir en la unión, indican encuestas.
Evi Prousali, crítica de teatro que estuvo entre quienes celebraron en Sintagma por la noche del domingo, señala que apreciaba la riqueza de las variadas culturas europeas. Dice que no se estaba rebelando en contra de sus compañeros europeos, sino en contra de la élite política y empresarial, que está haciendo caso omiso no solo a la voluntad de los griegos, sino también de la mayoría de los otros europeos.
“No es el pueblo”, remarca. “Son las empresas internacionales, los bancos internacionales, el sistema bancario de Europa. Alemania y Francia van a gobernar toda Europa, como antes de la II Guerra Mundial. Es otro tipo de colonización’’, asegura.
El lunes último, en las consecuencias de la votación, ha prevalecido algo similar a una mentalidad de curda colectiva, a medida que los griegos esperaban para ver qué traería el futuro.
El provocador ministro de finanzas, Yanis Varoufakis, renunció, abriendo el camino para una voz más moderada. Estaba cobrando forma un gobierno de unidad nacional, pero no era claro si eso mantendría al Syriza, el partido gobernante, en una disposición más comprometedora o determinado aún a resistirse a las demandas de sus acreedores.
Voces más cautas advirtieron que no era probable que los acreedores reestructuraran la deuda de Grecia sin concesiones, y algunos analistas dijeron que el voto por el no podría ser costoso.
“Ellos no saben lo que es la pobreza’’, dice Veremis. “Cuando la gente me dice que no puede empeorar, yo les digo que por supuesto, puede empeorar. Ahí está Bangladesh y ahí está Zambia, y está Liberia y hay una variedad de países que están mucho peor de lo que Grecia estuvo y estará; esto es lo que la gente no alcanza a ver’’, agrega.
Sin embargo, pocos griegos lamentaban su decisión por el no, incluso después de ver un día de televisión, lo cual suministró reuniones consecutivas de diversos funcionarios de la eurozona, pocos de ellos con algo favorable que decir sobre Grecia.
Theodoris Sourdis, de 38 años, quien estaba sentado dentro de su taller de reparación de electrónica en Atenas, enfatiza que se sintió bien votar por el no y ofreció un rayo de esperanza por un mejor acuerdo. El negocio ha ido tan mal últimamente, que él a duras penas puede solventar la comida. Al comienzo de esta semana, el teléfono sonó dos veces. “Era una mezcla de estar harto y un rayito de esperanza de que algo pudiera cambiar’’, dice Sourdis sobre el voto. Sin embargo, agrega que había pasado el día escuchando la radio, y que en el noticiario habían dejado entrever que nada había cambiado.